¿Es Jesús el camino a Dios?
En la gran mayoría de las religiones descubrimos que la mitología es la base principal de sus creencias y de sus actividades "sectarias". Ahora bien, el Cristianismo tiene su base en el Judaísmo, partamos de ahí.
En contraste con muchas otras religiones y culturas antiguas, el Judaísmo tiene sus raíces y fundamentos teológicos en la historia, no en la mitología. El Judaísmo tuvo sus comienzos unos 4000 años atrás, gracias a esto, muchas religiones tienes sus bases en el Judaísmo, por tener un fundamento mas concreto, incluyendo el Islam y por supuesto el Cristianismo.
Pero, ¿Por qué comenzar con el Judaísmo? Como queda claramente expresado en las Escrituras Hebreas (para nosotros Cristianos, Nuevo Testamento), hay un eslabón particularmente notable en el camino de la búsqueda de Dios: Abrahán. Según la historia, Abrahán emigro desde Ur de los Caldeos, de Sumer, hasta la tierra de Canaán, de la cual Dios le había declarado: “A tu simiente daré esta tierra” (Génesis 17, 4-6). Desde él, los judíos empiezan a trazar una genealogía que comienza con Isaac (Hijo de Abrahán) y su nieto Jacob (que después su nombre fue cambiado a Israel)(Génesis 32,27-29). Israel tuvo 12 hijos, que fundaron 12 tribus. Uno de ellos fue Judá, de cuyo nombre, tiempo después, se derivó la palabra Judío (2 Reyes 16:6, NM).
Fue en el año de
Dicho lo anterior, reconocemos el papel que ha jugado la mitología en la mayoría de las religiones. Sin embrago, el Judaísmo y el Cristianismo, entre otras religiones, tienes sus bases en la historia, no en la mitología.
Esto lo comprobamos en el primer versículo de las escrituras Griegas Cristianas (Nuevo Testamento): “Genealogía de Jesús, Mesías, Hijo de David, Hijo de Abrahán…” (Mateo 1,1). Los siguientes versículos del mismo capitulo de Evangelio de Mateo dan a conocer con gran detalle la línea de descendientes de Abrahán hasta Jacob, “Padre de José, esposo de Maria, de la cual nació Jesús”. Compárese esto con Génesis 3,15; 22,18; 49,10 y con 1 Crónicas 17,11.
Desde su nacimiento hasta su madurez Jesús vivió como un joven Judío normal de su época. Jesús comenzó su ministerio público a los 30 años.
El discurso de Pedro en casa de Cornelio que recoge el libro de los Hechos de los Apóstoles resume en una sola frase el estilo de vida de Jesús y la razón del mismo:
“Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien…, porque Dios estaba con él”. Así presenta también el profeta Isaías la figura del siervo del Señor.
En él el Espíritu de Dios impulsa a luchar por el derecho y la justicia. Actúa con suavidad, al mismo tiempo que con firmeza, en su anuncio y misión de liberación. Los cristianos comprendieron a la luz de este personaje la misión mesiánica de Jesús. Desde el principio, como sucedió con Cornelio y su familia y como ocurre con todas nosotras desde nuestro bautismo, se sintió amado, acompañado y guiado por la fuerza del Espíritu de Dios.
Después del nacimiento de Jesús, durante el Bautismo en el Jordán, anuncia el Evangelista: ”Entonces llegó Jesús desde Galilea al Jordán y se dirigió a Juan para que lo bautizara. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: Soy yo el que necesito que tú me bautices, y ¿eres tú el que vienes a mí? Jesús le respondió: Deja eso ahora, pues conviene que cumplamos lo que Dios ha dispuesto. Entonces Juan accedió. Nada más ser bautizado, Jesús salió del agua y, mientras salía, se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz del cielo decía: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco (Mateo 3, 13-17).
En este momento asistimos a una teofanía o manifestación de Dios: se abren los cielos y el Espíritu de Dios baja sobre Jesús. Se trata del mismo Espíritu que actuó en el nacimiento y que le acompañará en todos los momentos de su vida. A continuación la voz del cielo confirma la identidad de Jesús que venía siendo sugerida desde el inicio del evangelio: es el Hijo de Dios. Ahora es cuando las dos partes de este relato se iluminan: Jesús es el Hijo de Dios, y lo es como un hijo obediente, atento a cumplir lo que el Padre ha dispuesto (Mt 3,15). La obediencia es el elemento que mejor definía en aquella época la relación entre un hijo y su padre.
Ahora pregunto: ¿Es Jesús el camino a Dios?

